Se realizan investigaciones sobre el uso para esta enfermedad. Leé la nota.
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurodegenerativo que afecta al sistema nervioso de manera crónica y progresiva. Es la segunda enfermedad más prevalente en la actualidad después del Alzhéimer y pertenece a los llamados Trastornos del Movimiento, explica la Federación Española de Parkinson.
En los últimos 25 años se han duplicado los casos de Parkinson en el mundo, situándose en 2019 en los 8,5 millones de personas que padecen la enfermedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
“La EP se caracteriza por la pérdida (o degeneración) de neuronas en la sustancia negra, una estructura situada en la parte media del cerebro. Esta pérdida provoca una falta de dopamina en el organismo, una sustancia que transmite información necesaria para que realicemos movimientos con normalidad. La falta de dopamina hace que el control del movimiento se vea alterado, dando lugar a los síntomas motores típicos, como el temblor en reposo o la rigidez”, describe la Federación Española de Parkinson.
Para tratar la enfermedad actualmente se cuenta con el tratamiento farmacológico, quirúrgico (estimulación cerebral profunda o ECP), y aunque todavía se encuentran en fase de desarrollo, las terapias genéticas y celulares.